La banalidad del bien

Marzo 28th, 2008

En México, de regreso de mi breve periplo colombiano, traté de convencer a varios amigos cercanos de apoyar a la Fundación Pies Descalzos. En general hubo una reacción de indiferencia, cuando no de rechazo, y un argumento, o pretexto, tan cierto como innecesario: “Aquí también hay niños pobresâ€.
Si quería una reacción más positiva, tenía que transmitir mi experiencia cómo mejor sabía hacerlo. Escribí Caminar hacia una vida digna y he recibido comentarios elogiosos de lectores y amigos, que agradezco, en nombre de Selecciones y el mío. Más de una persona me hizo saber que el artículo le había dejado “ganas de ayudar, de hacer algoâ€. Para mí ese es el mejor elogio. Excepto quizá, que la emoción se transmute en gesto, y no se quede sólo en las ganas. Me gustaría pensar que ha sucedido así en algún caso.
En un texto que no ha dejado de citarse, y de generar controversia desde su publicación, Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal, la filósofa judía Hanna Arendt se refirió a Adolf Eichmann, un funcionario del nazismo enjuiciado por Israel, como un ser humano cuyo problema fue que “no había voces que desde el exterior despertaran su concienciaâ€. La excusa, o la convicción, de Eichmann, de que él sólo cumplía órdenes, lo eximen para sí mismo de toda culpa y lo desvinculan de su participación en el exterminio de los judíos.
Si hablamos en términos del “despertar de la concienciaâ€, existe, digo yo, una banalidad del bien. Consiste en el deseo de hacer el bien y no hacerlo; en hacer catarsis con una tragedia humana que puedes ayudar a revertir de algún modo y a los diez minutos volver a tu vida y olvidarte del asunto. En emocionarte y compadecerte, pero no mover un dedo para ayudar cuando puedes hacerlo.
Hace tiempo leí una entrevista con el escritor Frederick Forsyth en la cual sostenía que la virtud que más admiraba de un ser humano era la valentía. Primero pensé que se avenía al autor de El día del chacal y Los perros de la guerra, pero a renglón seguido venía un argumento más que contundente: no importa que tan buen ser humano seas y cuánto quisieras hacer por los demás y por mejorar el mundo; si no tienes el valor para hacerlo, a nadie le sirven tus buenos sentimientos.
Por otra parte, también creo que el ser humano a veces necesita más de un llamado, y que las emociones positivas se acumulan hasta obligarnos a dar el primer paso en favor de lo que creemos y queremos. O sea, la acumulación de pequeños cambios cuantitativos que llevan al cambio cualitativo.

Expiación

Marzo 12th, 2008

Ian McEwan es uno de mis escritores favoritos, y Expiación es una gran novela. Así que fui a ver la versión cinematográfica –con un título mucho más largo e innecesario– con recelo y temor. Sabemos de los estragos que puede causar el cine en un buen libro. Éste no fue el caso. Aunque Expiación está repleto de recursos extrictamente literarios y guiños al lector, la película traslada perfectamente la historia al lenguaje cinematográfico y le añade su propia grandeza. Y termina siendo una historia muy bien contada en ambos casos. Creo que desde El nombre de la rosa no veía una realización cinematográfica basada en una novela tan apegada a la historia original, sin dejarse arrastrar por el farragoso lastre discursivo que en tantas ocasiones convierten un monumento literario en un somnífero en la sala de cine. Cuando no se trata de un ripio infame de la obra original.

Estatuas

Marzo 12th, 2008

He visto en Barcelona, París o Buenos Aires esas estatuas humanas que a todos atraen. Y no es para menos, mantenerse inmóvil y en silencio un buen rato es un arte difícil de dominar, al menos en estado de vigilia. Quizá por eso algunas de esas estatuas vuelven a la vida y hacen ciertos gestos cada vez que la moneda del transeúnte cae a sus pies.
La última vez que estuve en La Rambla barcelonesa había una de esas estatuas que se humanizaba por dinero: el mismísimo demonio, de lengua roja y puntiaguda y cuernitos, además con un extenso repertorio de gestos endemoniadamente lascivos para las mujeres que se acercaban, y de desprecio y asco hacia el resto de los mortales. También había un ángel, divino y angelical cuando estaba inmóvil; burlón y travieso cuando un euro lo devolvía por segundos a su condición humana.
Imitan la piedra pero son de carne y hueso, una inversión del proceso original de la escultura, que hace surgir seres humanos de la piedra. De la escultura al performance, del homenaje al relajo, de los héroes de la Historia a los héroes simples de la cotidianidad, del hombre que quiso ganar un imperio al que solo trata de ganarse el pan.
Frente a la célebre Catedral barcelonesa pude observar la gestación de una de ellas: una muchacha que se tornaba árbol. Me quedé a mirarla inicialmente por la delicadeza de su talle a punto de convertirse en tallo, pero después me picó la curiosidad sobre cómo iba a armar todo aquel tinglado de ramas y tronco a su alrededor y la observé mientras se embadurnaba el cuello y la cara de colores vegetales. El resto de su cuerpo lo cubría un leotardo de licra negra que delineaba la perfección de su naturaleza humana.
Comenzó a enfundarse en su complicado traje-árbol, con ramas que salían de su cabeza, de sus manos y espalda, y yo pensé en la ninfa Dafne, que se torna laurel para escapar del deseo de Apolo. Tengo ante mí la leyenda hecha realidad. En unos minutos más los pequeños y redondos senos de la ninfa (y lo es), el liso vientre y la curva de las caderas se perderán dentro de trapos o plásticos en imitación de un tronco, y de la ninfa sólo quedará el rostro también camuflado y los ojos. Pero éstos últimos preservarán su condición humana, porque el vacío de la mirada es precisamente el talón de Aquiles de las estatuas de verdad, o sea, de las que representan a seres ya muertos. Ojos en blanco, rostros sin vida.
Tengo el presentimiento de que erigir estatuas es algo que va quedando en el pasado, que los pocos hombres y mujeres esencialmente buenos que puedan vivir entre nosotros se negarían a aceptar que en el presente se invierta dinero y esfuerzo humanos en preservar a nadie en piedra. ¿Para qué? ¿Por qué se construyó esa horrible efigie de Luis Donaldo Colosio en el Paseo de la Reforma, de la Ciudad de México por ejemplo? Por una parte, no hizo nada en su vida pública por lo que vaya a ser recordado. No lo dejaron hacer, es una estatua al hombre que pudo haber sido. Y todos sabemos que no habría podido hacer mucho. Fue una bala asesina y no la obra de su vida lo que lo puso en un pedestal. Pero ¿cuántas balas asesinas han segado vidas inocentes y promisorias, o vidas simplemente?
La estatua de Luis Donaldo Colosio es fea y está erigida al hombre equivocado; es un tributo, no a la memoria de un político asesinado, sino a la desmemoria de la humanidad, a nuestra capacidad para olvidar los crímenes y las mentiras a las que nos hemos acostumbrado como al pan y al agua. Prefiero el diablo lascivo de las Ramblas, es más humano, muchísimo más creíble, y hace reír a la gente, la hace olvidar o reconocer por unos instantes el diablo que llevamos dentro. Y, por supuesto, podría vivir a la sombra de aquella muchacha árbol.

Divas, zares y gurúes

Marzo 12th, 2008

El significado de las palabras se transforma todo el tiempo, en muchos casos por la necesidad de recurrir a la analogía para denotar una realidad nueva. Esta diversificación de significados de un mismo vocablo enriquece las lenguas. Pero en los medios de comunicación hoy ocurre una perversión de este proceso, que consiste en inventarle un significado a una palabra a partir de analogías inexistentes. Los periodistas –me resisto al uso del término comunicadores, nació pervertido– dada la cantidad de lectores que tienen, están más que nadie en condiciones de contribuir a este despojo del sentido original de una palabra para otorgarle un significado insustancial y efímero.
Las palabras diva, gurú y zar están de moda entre nuestros desinformadores. Hace tiempo María Callas fue reconocida como la Diva; ahora hay divas del pop, divas del rock, divas del soul, divas del cine, el mundo está lleno de divas, hay incluso divas en ascenso (aún no categorizadas). No basta ya con reinas y princesas.
Diva significa diosa. Nació del arrebato de admiración por el talento, la personalidad, el carisma y la presencia de una mujer artista. Por lo menos debería seguirnos sirviendo para distinguir la excepcionalidad. Pero va cuesta abajo. Ahora Britney Spears, Lindsay Lohan o Paulina Rubio son divas de… algo, quien sabe qué.
Un pandillero con agallas y sin escrúpulos puede aspirar a convertirse en el zar de las drogas, de las anfetaminas, de la pornografía o de las Barbies de imitación. Nada más quiero recordar que zar es el título que se daba al emperador de Rusia y soberano de Bulgaria, no hubo jamás otro zar en ninguna parte del mundo. Cómo el Güero Palma o el Chapo Guzmán se convirtieron en aspirantes a zares (de la droga) es algo difícil de explicar.
En fin, los desinformadores quemaron la palabra en tan breve tiempo que ya han tenido que recurrir a otra aún más exótica: gurú o guru. Que además parece ser más dúctil; no sólo se puede aplicar a maleantes o a reyes sin trono, sino a artistas, empresarios y gente muy creativa con fama y fortuna como Steven Spielberg o Bill Gates. Pero gurú es todavía una palabra reservada sólo para unos cuántos.
Lo de por qué el cantante Raphael Martos ha sido llamado el divo de Linares lo dejo a la especulación de cada cual, no obstante sugiero a los desinformadores que piensen en Walter Mercado o en Michael Jackson como posibles candidatos a divos.
Además ¡Usted también puede aspirar a la condición de zar o diva! Dedíquese a algo ilícito y repugnante como los secuestros o el tráfico de órganos, o trivialice cualquier forma de arte, o comercie con la estupidez humana en la medida en que su propia inteligencia se lo permita, o repita hasta el cansancio cualquier cosa que lea en un periódico hasta terminar por creérsela. Si no llega a zar, incluso a gurú, probablemente sea porque el término esté ya en desuso, pero para entonces probablemente habrá nombramientos de condotiero, führer, sultán, mujahiddin o incluso shogún.

¿Una revista pro-estadounidense?

Marzo 12th, 2008

Mucha gente, demasiada quizá para que el mundo avance, repite lo que escucha sin detenerse a pensar en ello, o averiguar razones. Selecciones fue, hace muchos años, una revista sólo estadounidense. Recuerdo aquellos artículos en los años la Guerra Fría; no sería injustificado decir que, entonces, la revista era parte de una gran maquinaria propagandística. En aquella época Selecciones era una traducción de Reader’s Digest, la publicación americana original. Hoy, cada editor internacional, junto con su equipo editorial, y siempre pensando en su público (y no en el de Estados Unidos) decide qué se publica o no en su revista. Actualmente, tomamos de la revista de Estados Unidos sólo aquellos artículos que tienen un valor universal por su contenido. Esto no es ajeno a nuestros cientos de miles de lectores en español, quizá por eso siempre este tipo de argumento se escucha de boca de alguien que jamás ha abierto la revista, y por tanto, tampoco sería lo más acertado que abriera la boca para opinar sobre lo que no sabe. Supongo que ése fue el caso de quien se tomó el trabajo de abrir una entrada para Selecciones en la Wikipedia: “Selecciones es conocido por presentar un punto de vista políticamente conservador, optimista, elitista y pro-estadounidense”. http://es.wikipedia.org/wiki/Selecciones

Así empieza esto

Marzo 12th, 2008

Marzo desgrana sobre Cuernavaca el llanto leve de las jacarandas. Es sábado en la mañana y estoy en la pista del estadio Centenario, un lugar agradable, lleno de vida. Preparo mis músculos y articulaciones para cuarenta y cinco minutos de carrera y en ese breve lapso las flores que caen copiosas van formando un tapiz a mi alrededor.
Hace unos años viví en esta ciudad; ahora sólo vengo a buscar a mi hijo los fines de semana. Un día regresaré para quedarme. Probablemente. Nunca se sabe; mientras tanto, sueño con el retorno a este paraíso de vegetación y color, el violeta de las jacarandas, el naranja de los tabachines, los suaves matices del rojo al blanco de las bugambilias por todas partes. Prefiero entrenar mi mente y mi cuerpo aquí, cuando puedo; las ideas y los sueños brotan más fácilmente en el aire límpido de Cuernavaca. Es por eso quizá que, viendo las flores de la jacaranda caer en derredor, a veces incluso sobre mí, llega de repente el llamado: es hora de empezar a trabajar en mi blog de Selecciones; esta es una oportunidad más que me da la vida para comunicarme con mi mundo, mi gente. Todo un privilegio. Y ya he calentado lo suficiente. ¡Arrancamos!