Aunque los científicos todavía intentan determinar con exactitud por
qué el ser humano necesita dormir, los estudios con animales muestran
que el sueño es necesario para la sobrevivencia. Por ejemplo, aunque las
ratas viven normalmente de dos a tres años, las que son privadas del sueño
con movimientos oculares rápidos [REM] mueren al cabo de unas cinco semanas
en promedio, y las que son privadas de todas las etapas del sueño sólo
sobreviven unas tres semanas. Además, las ratas privadas de sueño presentan
temperaturas corporales anormalmente bajas y llagas en la cola y las patas.
Es posible que las llagas se produzcan por el deterioro del sistema inmunitario,
el cual, según lo indican algunos estudios, se ve afectado negativamente
por la falta de sueño.
El sueño parece ser necesario para que el sistema nervioso funcione adecuadamente.
Dormir poco nos deja atontados e incapaces de concentrarnos al día siguiente.
También afecta la memoria y el rendimiento físico, y hace que disminuya
la habilidad para los cálculos matemáticos. Si el insomnio persiste, pueden
producirse alucinaciones y cambios de humor. Algunos expertos creen que
el sueño les da a las neuronas que usamos durante la vigilia la oportunidad
de descansar y repararse. Cuando la persona no duerme, las neuronas pueden
perder tal cantidad de energía y contaminarse a tal grado con los subproductos
de la actividad celular normal que comienzan a funcionar deficientemente.
El sueño ofrece además al cerebro la oportunidad de poner a trabajar importantes
conexiones neuronales que, en caso contrario, podrían deteriorarse a causa
de la inactividad.
El sueño profundo coincide con la liberación de la hormona del crecimiento
en los niños y los adultos jóvenes. Muchas células del organismo muestran
también una mayor producción y una menor descomposición de proteínas durante
el reposo. Como las proteínas son los componentes esenciales del crecimiento
celular y de la reparación de los daños causados por factores como el
estrés y los rayos ultravioletas, el sueño profundo puede ser un auténtico
"tratamiento de belleza". La actividad de los sectores del cerebro que
controlan las emociones, la capacidad para tomar decisiones y las interacciones
sociales se reduce drásticamente durante el sueño profundo, lo cual indica
que este tipo de descanso ayuda a las personas a mantenerse en óptimas
condiciones emocionales y sociales durante la vigilia. Un estudio con
ratas también mostró que algunas pautas de señales nerviosas que las ratas
generaban durante el día se repetían en la etapa del sueño profundo. La
repetición de estas pautas podría contribuir a codificar los recuerdos
y mejorar el aprendizaje.