Nada de panes, pasta, arroz, fruta, papas ni jugos, es
la nueva consigna de quien está a dieta. Se nos quiere hacer creer que un
régimen a base de proteínas es el mejor método para adelgazar, y los consumidores
lo están creyendo: en 2003 aumentaron las ventas de tocino, embutidos y quesos,
y disminuyeron las de pastas, pan blanco y galletas. Como cabía esperar, la
industria alimentaria no tardó en sacar a la venta pizza, cerveza, helado,
tortillas, bocadillos y otros productos bajos en carbohidratos.
Antes de aficionarse a estos productos "dietéticos", tenga
en cuenta que, si bien los estudios indican que vivir de carne, tocino y otros
alimentos proteicos no es tan peligroso como pensaban los investigadores,
un régimen escaso en carbohidratos no deja de ser una dieta, y aunque consiga
bajar de peso, éste volverá con creces a menos que modifique de manera permanente
sus hábitos alimentarios. Llenar el carrito del supermercado con productos
bajos en carbohidratos con la esperanza de adelgazar podría meternos en un
lío gordo, en toda la extensión de la palabra.
El primer problema es que las etiquetas de estos productos
pueden ser engañosas. Por un lado, la Dirección de Alimentos y Medicinas de
Estados Unidos aún no determina lo que significa "bajo en carbohidratos" como
lo hizo con "bajo en grasas". "En consecuencia, algunos fabricantes abusan
de la designación", advierte Sandra Woodruff, dietista y nutricionista de
Tallahassee, Florida, y autora de Secrets of Good-Carb/Low-Carb Living ("Secretos
de una buena dieta baja en carbohidratos"). Para colmo, las etiquetas añaden
conceptos como "carbohidratos netos" y "carbohidratos con efecto", con los
cuales los fabricantes distinguen aquellos que, como la fibra, influyen poco
en la concentración de glucosa en la sangre.
No entender la terminología implica perder de vista el
aspecto más preocupante de estos productos. "El que piense que puede comer
lo que quiera de un alimento sin subir de peso sólo porque la etiqueta dice
'bajo en carbohidratos' está en un grave error", señala Gary Foster, director
clínico del Programa de Peso y Trastornos Alimentarios de la Universidad de
Pensilvania. El actual furor por los productos bajos en carbohidratos les
recuerda a los dietistas una época no muy lejana en que el "enemigo" eran
las grasas y la gente pensaba que podía atracarse de alimentos escasos en
ellas sin sufrir las consecuencias. Lo cierto es que muchos engordaron más
que nunca, y se teme que esto vuelva a ocurrir con los seguidores de la nueva
moda.
"Las calorías cuentan. Es la base de cualquier dieta,
sea la de Atkins [que restringe los carbohidratos] o una baja en grasas",
explica Foster, que dirigió un estudio comparativo de ambas, publicado en
el New England Journal of Medicine. "Si ingiere usted demasiadas calorías
y no las gasta haciendo ejercicio, subirá de peso".
Sin embargo, el experto afirma que, a juzgar por los hallazgos
preliminares, la restricción de carbohidratos puede ser eficaz y saludable.
él y sus colaboradores observaron con sorpresa que los sujetos sometidos a
la dieta de Atkins reducen el mismo peso, en un año, que los sometidos a una
dieta más convencional, baja en grasas, y que los primeros presentan aumentos
mucho mayores de lipoproteínas de alta densidad (colesterol bueno) y mayores
reducciones de triglicéridos. Aun así, Foster advierte que hacen falta más
estudios para determinar cuál de las dietas ofrece un adelgazamiento más duradero.
Además, hay preocupación por los efectos que la dieta
baja en carbohidratos puede tener a la larga, sobre todo debido al exceso
de grasas saturadas de la carne, el queso y los alimentos procesados que muchos
de sus partidarios consumen. Aunque la Asociación Estadounidense de Cardiología
y la Sociedad Estadounidense de Lucha contra el Cáncer (SELC) ya no aconsejan
limitar el consumo diario de grasas al 30 por ciento del total de calorías,
insisten en la necesidad de ingerir menos grasas saturadas.
"No hay pruebas de que tantas grasas saturadas hagan bien,
y en cambio hay muchas de que aumentan la propensión al cáncer de colon, al
de próstata y otros", explica Colleen Doyle, directora de nutrición y actividad
física de la SELC. "Desde luego, se pueden restringir las grasas además de
los carbohidratos, pero mucha gente no lo hace". A la experta la preocupa
también que los seguidores de la dieta coman menos frutas y verduras, justo
los alimentos que ayudan a prevenir diversos cánceres.
Mientras no se aclaren todos los puntos, sea precavido.
La probabilidad de éxito de cualquier dieta aumenta si se toman estas medidas:
Lea las etiquetas No se deje engañar por los letreros del empaque. Para saber la verdad
hay que leer el reverso. Revise el tamaño de la porción (las hay de una pequeñez
ridícula) y el número de calorías a fin de elegir el producto óptimo para
adelgazar, sea bajo o no en carbohidratos.
No satanice las grasas "No son el peor enemigo", dice Woodruff. "Hay que evitar las saturadas,
pero la clave para quedar satisfecho es agregar un poco de insaturadas a la
comida". De hecho, en un estudio de la Facultad de Salud Pública de Harvard,
las personas sometidas a dieta que comían el mayor porcentaje de grasas saludables
adelgazaron más. Sustituya las papas fritas por un poco de frutos secos y
la mayonesa de los sándwiches por una rebanada de aguacate, y aderece la ensalada
con una vinagreta de aceite de oliva, pero no coma todo esto junto, ni a diario,
aconseja Woodruff. "Serían demasiadas calorías".
Coma más fibra La fibra
de los alimentos hace más lenta la digestión, lo que mantiene estable la concentración
de glucosa y quita el hambre más tiempo. Aproveche con sensatez sus gramos
de carbohidratos eligiendo alimentos ricos en fibra como verduras, frutas
y panes integrales.
Dése un gusto ocasional El peligro de comer sólo productos bajos en carbohidratos o en grasas
es que pueden dejarlo con las ganas del alimento real. "A veces no hay diferencia
en el número de calorías", señala Foster. "Por lo tanto, si se muere por una
galleta o un chocolate normal, cómase uno o dos, y disfrútelos".